Quiénes somos

Caserío y tradición

El caserío en el que vivimos y desarrollamos nuestra actividad está situado en el Valle de Villaverde, enclave de Encartaciones que poca gente sabe situar en el mapa. Con gran tradición ganadera y de explotación del monte en todas sus modalidades. Cercano a Karrantza, Artzentales y Turtzios.

El barrio de La Altura es un pequeño grupo de caseríos a 3 km del centro del pueblo, rodeado de bosques, pastos y algunos de los montes más conocidos de las Encartaciones como son el Kolitza, el alto de la Escrita y con vistas hacia Armañón, Balgerri y el Monte Tejea.

La actividad ganadera en casa nace de la tradición, las vacas junto con la huerta, las gallinas y algún cerdo, suponían el sustento y la fuente de ingresos principal para Tere y Ramón. Ellos construyeron en los años cincuenta la que hoy día es nuestra casa. Además de dejar como legado el buen hacer, el cariño por la tierra y los animales que hoy día sigue vivo en nosotros, además de abrir camino para que con el tiempo sus hijos Mari Tere y José Antonio, junto con sus familias convirtieran el caserío en una explotación ganadera innovadora a principios de los ochenta. Vacas de ordeño seleccionadas y una infraestructura moderna dejando de utilizar la parte baja del caserío como cuadra para construir un patio, sala de ordeño etc.

Con el paso del tiempo, a mediados de los noventa, el trabajar con este tipo de ganado dejó de ser rentable además de seguir siendo muy sacrificado. Es por eso que de nuevo se reinventa el caserío para pasar a la vaca de carne. Criando terneros para su venta que mediante intermediarios llegaban en su mayoría a grandes cebaderos industriales.

Hoy en día vivimos y trabajamos con ganado pirenaico, raza autóctona del País Vasco. Apostando por la venta directa, opción que hemos elegido para poder mantener este medio de vida. Supone dar otro giro a la actividad, cuidamos con mimo del ganado y tenemos contacto directo con nuestros clientes, lo que a nuestro entender la hace muchísimo más enriquecedora. Los animales se cuidan con mucho cariño y llegan a su consumidor final desde nuestra casa, una gran satisfacción.